Ya tenemos un hijo, ¿por qué no me quedo embarazada otra vez?

Muchas parejas se hacen esta pregunta. No tuvieron ningún problema para tener su primer hijo, pero ahora, transcurrido un tiempo desde su nacimiento, no consiguen darle un hermano ¿Por qué? ¿No es un factor predictivo positivo el haber tenido un embarazo previo? ¿Qué le pasa a nuestro cuerpo?

A esta incapacidad para quedar gestante tras uno o varios partos previos se le conoce como esterilidad secundaria, y como dijimos anteriormente, es una situación relativamente común. Puede ser igual de emocionalmente estresante que la “esterilidad primaria”, debido a que la pareja pasa por sentimientos autodestructivos, culpabilidad por no poder proporcionar un hermano a nuestro hijo, sensación de pérdida, ya que la familia no se ha completado como deseamos, frustración porque las cosas no salen como deseamos, etc. Por supuesto, también hay un sentimiento de aislamiento y envidia difícil de reconocer, ya que nuestros amigos de la guardería,  del parque, etc., puede que ya estén por su segundo o tercer hijo.

¿Pero cuáles pueden ser las causas de la esterilidad secundaria?

Existen distintos factores que pueden influir en que no podamos conseguir un segundo embarazo. En general, las causas de la esterilidad secundaria suelen ser las mismas de la “esterilidad primaria”, es decir, factores femeninos, masculinos o de ambos miembros de la pareja.

Factores femeninos:

  • Edad de la mujer: En la actualidad, una de las principales causas de esterilidad femenina es la edad de la mujer. La cantidad y la calidad de los ovocitos disminuyen con la edad, siendo muy notable a partir de los 35 años, y esto es así se haya tenido o no un parto previo. En los últimos años, ha aumentado la edad a la que las mujeres tienen su primer hijo. En 1990, en España las mujeres tenían su primer hijo a los 26,8 años, y en 2013 a los 30,4. Por tanto, si una mujer tiene su primer hijo casi a los 31, y espera unos cuantos años para tener el segundo, es probable que haya traspasado la barrera de los 35, lo que podría complicar el proceso de forma significativa, debido a la disminución de la calidad ovocitaria.
  • Baja reserva ovárica: Hay mujeres que presentan una baja cantidad de ovocitos (detectada por una baja hormona antimulleriana) desde su nacimiento, y que su primera gestación se produjera cuando todavía esa reserva era adecuada, pero con el paso del tiempo esa baja reserva ovárica se complica mucho, tanto por la cantidad, como por la calidad de los ovocitos que restan en el ovario, por lo que una segunda gestación se convierte en misión casi imposible.
  • Factores uterinos o tubáricos: Las adherencias pélvicas, o cicatrices, que pueden haber producido una cirugía abdominal previa, incluyendo una cesárea, o una endometriosis, pueden afectar al correcto funcionamiento de la trompa de Falopio o, incluso, liberar sustancias que afectarían negativamente a la calidad del ovocito, la fecundación o la implantación. También se puede haber desarrollado un pólipo, que es un crecimiento benigno unido a la pared del útero, que podría dificultar la implantación. Fibromas y cicatrices en el interior del útero también tendrían el mismo efecto. Así mismo, la cicatrización de la trompa de Falopio, como resultado de una cirugía previa, una infección pélvica o por otras causas como la endometriosis, podría obstruirlas por lo que el óvulo no se encontraría con el espermatozoide. Además, este bloqueo podría producir la acumulación de líquido tóxico en el interior de las trompas, hidrosalpinx, que afectaría negativamente a la implantación del embrión.
  • Factores ovulatorios: No es extraño que las mujeres presenten diferentes patologías que afectan a la ovulación, seguramente la más conocida es el síndrome de ovario poliquístico (SOP). En estos casos, el primer embarazo pudo ser sencillo, a pesar de tener ciclos largos o irregulares que hacen que sea difícil determinar el momento de la ovulación. Además, es posible que tras el primer embarazo se haya ganado peso, y esto puede conducir a una disfunción de la ovulación.

Factor masculino:

Puede que en el momento de la primera gestación, la calidad espermática estuviera en el límite y que debido a la buena salud de los óvulos de la pareja esto no fuera un problema. Pero con el paso del tiempo la fertilidad masculina puede disminuir, debido a problemas de salud, la ingesta de medicamentos, el estrés, o una nutrición inadecuada. Incluso aunque no haya descendido la calidad seminal, si lo ha hecho la ovocitaria, por lo que es posible que ya no sea tan fácil para los espermatozoides fecundar a los ovocitos.

Factores ambientales:

La convivencia con un niño pequeño puede llegar a ser extenuante, así como muy estresante, se duerme poco, hay que hacer un gran esfuerzo para poder cuidar a los niños, cumplir en el trabajo, cuidar la casa, etc., por lo que, en muchas ocasiones, en las relaciones sexuales es lo último en lo se piensa al llegar a la cama, disminuyendo los coitos en los momentos más idóneos para la concepción, descendiendo así las posibilidades de embarazo. 

¿Cómo se puede tratar la esterilidad secundaria?

Existen muchas maneras de abordar este problema, algunos tan sencillos como un cambio de estilo de vida y/o de alimentación, y otros más complejos como la cirugía para solventar los problemas de adherencias o endometriosis, pasando por la estimulación de la ovulación mediante medicamentos. En ciertos casos, hay que recurrir a la inseminación artificial o a la fecundación in vitro, incluso a la donación de óvulos si la mujer presenta una edad avanzada.

Desafortunadamente, tener un hijo no es ninguna garantía de que se pueda concebir fácilmente una segunda vez. Esto es lo que suelen pensar muchas de las parejas que se encuentran en esta situación, ya que son bastante menos proclives a buscar ayuda con el fin de resolver este problema. Así, sería recomendable acudir a un especialista en fertilidad si tras seis meses no se consigue embarazo cuando la mujer es mayor de 35 años, o tras un año si es menor de esta edad.

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