Los nuevos modelos de familia y las técnicas de reproducción asistida

En las últimas décadas hemos asistido a multitud de cambios a nuestro alrededor: la globalización, el desarrollo de las nuevas tecnologías, la incorporación de la mujer al mundo laboral, etc. Esto ha provocado una fuerte transformación de nuestra sociedad, y entre estas modificaciones destaca el concepto tradicional de familia, es decir, una pareja formada por una mujer y un hombre con niños nacidos dentro de esa unión o adoptados. Los cambios legislativos y de mentalidad han producido una redefinición del concepto de familia, apareciendo las familias homoparentales, aquellas formadas por 2 mujeres o 2 hombres, y las monoparentales por elección, formadas por un solo progenitor.

Estos nuevos modelos familiares tienen en común que deben acudir a técnicas de reproducción asistida para tener descendencia.

Las mujeres sin pareja o los matrimonios formados por 2 mujeres necesitan la utilización de semen de donante para la realización de una inseminación artificial, una fecundación in vitro (FIV) o una FIV con donación de ovocitos, asimismo pueden optar por una adopción de embriones. En el caso de una pareja de 2 mujeres también pueden recurrir a una Recepción de Ovocitos de la Pareja (ROPA) o maternidad compartida. Esta última opción es poco conocida por su novedad y porque solamente es legal en algunos países. Básicamente consiste en que a una de las mujeres de la pareja se le realiza la estimulación ovárica y la punción folicular, por lo que aportará los óvulos, que serán inseminados con semen de donante y los embriones se transferirán al útero de la otra mujer, que gestará el embarazo y dará a luz al bebe. De esta manera, las dos mujeres participan activamente en traer al mundo a su hijo, la primera como madre genética y la segunda como madre gestante. Este tratamiento es posible ya que la legislación española en materia de reproducción asistida lo contempla si existe una indicación médica, siempre y cuando las 2 mujeres estén casadas. De hecho, para que una pareja de mujeres pueda inscribir a su hijo en el Registro Civil como hijo de las dos mujeres deben estar casadas, sea cual sea el tratamiento realizado. En caso de convivencia estable o parejas de hecho (inscritas o no), sólo podrá inscribirse a nombre de la mujer que lo ha dado a luz.

Un caso diferente es el de los varones que desean tener un hijo en solitario o el de 2 hombres casados. Sus únicas posibilidades son la adopción o recurrir a la paternidad subrogada o “vientre de alquiler”, por supuesto fuera de España al no ser una práctica permitida en nuestro país.

Desde que estos modelos familiares se legalizaron, ha existido un debate acalorado sobre su idoneidad. Así, han surgido dudas acerca de si la familia mono u homoparental permite una sana evolución emocional de los niños o si ejerce una influencia en el desarrollo de la identidad sexual de los mismos: ¿Existirán necesidades emocionales no cubiertas? ¿puede causar confusión en el niño el hecho de no tener el “referente” masculino o femenino?, etc.

En la psicología actual se apuesta porque los factores que determinan la salud emocional del niño y/o influyen en el sano desarrollo de su identidad y de su sexualidad son muchos, y están más relacionados con la calidad y el tipo de vínculo que existe con los niños, con el refuerzo de su individualidad, de su independencia y autonomía o de su libertad y capacidad de decisión, que con el género de los padres.

Numerosos trabajos científicos no evidencian situaciones que afecten al desarrollo integral de un niño criado dentro de estos nuevos modelos de familia desde la perspectiva de las ciencias de la salud, ni tampoco existen evidencias científicas de que la orientación sexual de los padres o la presencia de uno solo sea un factor que incida negativamente en el desarrollo emocional del niño.

Desde temprana edad, los niños aprenden los roles de género, se identifican y experimentan su sexualidad, adquiriendo modelos de varias fuentes, entre ellas la familia, escuela, etc. Realmente será la libertad que tengan para experimentar libremente y sin tabús lo que determinará su madurez y evolución.

En resumen, la familia mono u homoparental representa un contexto tan válido como otro cualquiera para que un niño crezca sin ningún tipo de problema psicosocial, siempre que sus necesidades físicas y emocionales estén cubiertas por adultos que los quieran, acepten y respeten.

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