Los miomas, que son y cómo se tratan

Los miomas son tumoraciones benignas que aparecen en el útero. Aparecen como masas anormales de tejido muscular y fibroso que se localizan en y alrededor del útero y ocasionalmente en el cuello uterino. En la mayoría de los casos son múltiples, pero también pueden ser únicos.

Constituyen el tumor ginecológico más frecuente, diagnosticándose en una de cada tres mujeres en edad reproductiva, y su frecuencia puede ser incluso mayor, ya que  en autopsias practicadas a mujeres aparecen en casi el 60%. Son infrecuentes en mujeres menores de 20 años y su incidencia va aumentando con la edad, hasta llegar a la menopausia, cuando prácticamente, una de cada dos mujeres los tiene.

Un hecho raro es la malignización de este tipo de tumores, aunque estadísticamente, uno de cada diez mil puede evolucionar a leiomiosarcoma. Suelen ser casos de miomas diagnosticados que crecen muy rápidamente o miomas que crecen después de la menopausia, cuando ya no hay producción hormonal. Estos dos factores deben ser signos de alarma.

Se desconoce la causa por la que se forman los miomas en el útero. Sin embargo, sí se sabe que su crecimiento está ligado a los estrógenos. Existe también un posible factor hereditario.

Dependiendo de su localización, se clasifican en intramurales, que son los que crecen en el espesor de la pared muscular del útero, submucosos, que crecerían en el interior del útero y los subserosos, que crecen hacia el exterior del útero.

Aproximadamente, un tercio de las mujeres diagnosticadas de miomas no tienen ningún síntoma. Sin embargo, suelen ser causa frecuente de reglas largas y abundantes, sangrados entre periodos, anemia, dolor pélvico, sensación de pesadez en la parte baja del abdomen,  esterilidad (dificultad para conseguir un embarazo) e infertilidad (mujeres que presentan abortos). También pueden ser causa de parto prematuro durante el embarazo. En ocasiones, si los miomas son de gran tamaño, pueden producir síntomas por compresión de órganos vecinos. Así, si están próximos a la vejiga, pueden dar síntomas urinarios. En otras ocasiones, si su contacto es con el recto, causar dificultad en la defecación, o dolor de tipo lumbar.

Suelen ser diagnosticados en visitas rutinarias al ginecólogo. Constituyen un hallazgo muy frecuente en las exploraciones realizadas por el ginecólogo en este tipo de visitas. Si su tamaño es grande, bastaría con un examen pélvico para diagnosticarlos. La ecografía es el método diagnóstico más fiable para su diagnóstico. El desarrollo de la tecnología de los ecógrafos ha hecho posible el diagnóstico de los miomas más pequeños, que antes pasaban inadvertidos. También se pueden diagnosticar mediante tomografía axial computerizada, lo que comúnmente se conoce como scanner, resonancia magnética, histeroscopia o laparoscopia.

Si el mioma no da ninguna sintomatología, no requiere tratamiento. Una revisión ginecológica periódica, para valorar su crecimiento o aparición de nuevos miomas, será suficiente. En numerosas ocasiones, una vez llegada la menopausia, los miomas tienden a disminuir significativamente de tamaño y en algunos casos eventualmente llegarán a desaparecer.

El tratamiento de los miomas puede ser médico o a veces requerir cirugía. La mayor parte de las mujeres diagnosticadas de miomas no necesitará intervención quirúrgica. Los que presentan sangrados abundantes o irregulares, pueden ser tratados con medicamentos que controlen el sangrado. Existen diferentes fármacos para controlar esos sangrados, y  dependiendo de la edad, características de la paciente y tipo de alteración en el sangrado, se pautará el fármaco más adecuado. En el pasado se utilizaban otros fármacos que reducían el tamaño del mioma, pero estos eran empleados previamente a la cirugía y su uso era limitado por su efecto temporal y porque los efectos secundarios a largo plazo eran importantes, por lo que no estaba indicado su uso a largo plazo. En la actualidad existen nuevos fármacos que reducen el tamaño del mioma y que son eficaces igualmente para el control de la sintomatología, con pocos efectos secundarios y un buen perfil de seguridad.

Sin embargo, si los miomas fueran causa de dolor, esterilidad o infertilidad, su tratamiento será quirúrgico. Dependiendo de su localización y su tamaño, el tipo de intervención quirúrgica puede variar. Los que aparecen en el interior de la cavidad uterina, los llamados submucosos, pueden ser extirpados mediante histeroscopia. Ésta es una técnica que consiste en introducir un pequeño tubo llamado histeroscopio, que lleva un sistema de lentes y una cámara, a través del cuello del útero, para la extirpación del mioma. Es una técnica que se suele realizar bajo anestesia, pero que no requiere estancias hospitalarias prolongadas, ya que la recuperación después de la operación es muy rápida. También pueden ser tratados de esta manera algunos de los que crecen hacia el interior de la cavidad, los llamados intramurales.

Habitualmente, si el mioma es intramural, subseroso o son múltiples, suelen ser tratados con abordaje por vía abdominal. Dependiendo de la sintomatología que cause y de la edad de la paciente, así como de su deseo de mantener su capacidad reproductiva, el tipo de operación  será diferente. En los casos en los que haya que conservar el útero, se realiza extirpación del mioma, lo que se conoce por miomectomía. Esta puede ser realizada con cirugía abierta o mediante laparoscopia, que consiste en realizar tres o cuatro pequeñas incisiones en el abdomen, con el objeto de introducir un tubo con un sistema de lentes y una cámara, similar al histeroscopio, pero llamado laparoscopio. Por el contrario, si la paciente ha completado su etapa reproductiva o está próxima a la menopausia, puede ser necesario realizar una histerectomía, que consiste en la extirpación completa del útero. Ésta, puede ser también mediante cirugía abierta o se puede realizar por laparoscopia. 

Tanto en miomectomía como en histerectomía, la elección de la vía laparoscópica o abierta dependerá de una serie de factores como el tamaño de los miomas, su localización, habilidad quirúrgica del cirujano, características de la paciente, etc.

Otra opción de tratamiento, sería la embolización de las arterias uterinas. Está técnica constituye un paso intermedio entre el tratamiento médico y la cirugía, y consiste en interrumpir el flujo sanguíneo de los vasos que alimentan los miomas. Se introduce un catéter por la ingle hasta llegar a la arteria uterina. Todo esto se hace guiándose a través de una televisión conectada al equipo de Rayos X. Una vez con el catéter en su sitio, se introducen unas partículas de muy pequeño tamaño, que van cerrando las arterias que alimentan a los miomas.

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